Alarcón, Abel (1881 - 1954)
Este autor también es conocido como Abel Alarcón de la Peña
Nacimiento:
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Poeta, narrador, novelista, cuentista y dramaturgo. Desempeñó funciones como abogado, político, traductor y profesor universitario. Abel Alarcón de la Peña nació en La Paz en 1881, durante un periodo de notables transformaciones políticas y sociales en Bolivia. Falleció en Buenos Aires el 20 de octubre de 1954, con 73 años. Formó parte de un grupo modernista paceño de jóvenes, entre los cuales se encontraban Armando Chirveches, Raúl Jaimes Freyre, Juan Francisco Bedregal y Alcides Arguedas, con quienes frecuentaba los salones del Círculo de Bellas Artes de la ciudad de La Paz.
Estudió Derecho, obtuvo el título de abogado en 1903. Desde su juventud, mostró una inclinación orientada hacia las letras y la vida pública. Fue activa su militancia en el Partido Liberal desde 1920 y formó parte de numerosos debates intelectuales en su época. Este mismo año, desempeñó el cargo de oficial mayor de instrucción pública. No duró mucho en el cargo pues, tras el golpe de Estado del Partido Republicano liderado por Bautista Saavedra, el 12 de julio de 1920, se exilió en Chile, Estados Unidos y Austria, por la caída del régimen liberal. Durante su exilio en Santiago de Chile, se dedicó a la labor docente. Entre 1920 y 1922 dictó las cátedras de Castellano y Literatura en el Instituto Inglés y el Santiago College. Entre 1923 y 1925, fue profesor y jefe del Departamento de Español donde dictó cátedra de Historia de la Lengua Española en la University of the Pacific, California. En 1925, la universidad le otorgó un año de permiso para continuar sus estudios en Europa, y descubrió, así, nuevos horizontes. Al volver de Europa, fundó y dirigió la Spanish Language School en el estado de California.
En 1929, cambió el rumbo de su vida hacia España con el propósito de publicar una segunda edición de su novela Érase una vez…, pudo revisarla y consultar fuentes de primera mano. A partir de 1932, pasó cierto tiempo en Europa, teniendo como punto de estudio la ciudad de Graz, en Austria. Durante su estadía, fue invitado a dar conferencias, enfocadas principalmente en la novela contemporánea española. Favorecido por el éxito de estas conferencias, dictó cátedra de Literatura Castellana en la ciudad de Graz, en el colegio de Profesores de la Facultad de Filosofía y Letras validado por el Ministerio de Instrucción de la República Federal de Austria hasta 1934. Asimismo, estableció estrechas relaciones culturales y personales gracias a su esposa Antonia Maluschka de Alarcón, oriunda de Graz. Gracias a sus experiencias en el exterior, pudo ampliar su red intelectual y fortalecer su producción literaria. Por este prestigio, a su regreso, la Universidad de California le otorgó el título honorífico de Jefe del Departamento de Modern Languages.
Retornó a Bolivia en 1935 y fue director de la Biblioteca Nacional, jefe de la Sección Consular del Ministerio de Relaciones Exteriores y secretario de la Academia Boliviana de la Lengua (hasta su fallecimiento), institución en la que ingresó como miembro de número el 25 de septiembre de 1940 con el discurso titulado «La novela picaresca española». A partir de 1942, a modo de reconocimiento y homenaje a su aporte cultural, el gobierno boliviano le otorgó una pensión vitalicia. En 1951, la Alcaldía de La Paz le concedió una vivienda conocida hoy como la Casa del Poeta (calle Claudio Sanjinés, esquina Francisco de Miranda, en Miraflores), después de que perdiera su hogar por un deslizamiento de tierra, y como reconocimiento a su labor.
Su obra literaria comprende poesía, narrativa, teatro, cuento, ensayo, crónicas de viaje y traducción. Inició su carrera literaria con un poemario, Pupilas y cabelleras (1904), que surgió de los sonetos y las canciones que Abel Alarcón compartía con su cenáculo de compañeros. Tras el poemario, transitó hacía el lirismo teatral con Insomnio (1905), monólogo en prosa para teatro, con prólogo de Fabián Vaca Chávez; esta pieza fue declamada por doña Inés de Aragón en el Coliseo Paceño.
Con sus cuentos, compuso una serie de antologías como De mi tierra y de mi alma (1906), el tercer volumen, con una prosa hispánica clara y elegante con motivos costumbristas. Contó con un prólogo de Armando Chirveches, quien destacó: «Abel Alarcón es uno de esos jóvenes que a través de los obstáculos y sobre desfallecimientos ha perseverado con éxito lisonjero. Hoy su nombre es conocido en Bolivia y quizá no tarde en salvar fronteras» (Alarcón, 1906).
Alarcón compuso otro monólogo titulado Sin Madre (1908), recitado por Carolina Huertas en una fiesta teatral. Continuó su producción literaria con El imperio del sol (1909), un canto a la confraternidad Hispanoamericana, contaba con un amplio homenaje a la ciudad de La Paz, celebrando su primer centenario por el grito libertario. Esta obra poética se caracterizaba por una rica epopeya forjada a partir de las memorias del incario y la emancipación. Publicó un tercer monólogo denominado Leyendo una carta (1911), que también fue interpretado por otra gran actriz: Concepción Olona.
Posteriormente, publicó su primera novela histórica e indigenista En la corte de Yahuar-Huacac (1916), ambientada en el mundo incaico. Por esta obra, obtuvo un lugar entre los escritores bolivianos del género. El mismo año, tradujo del inglés, las oraciones líricas del bengalí Rabindranath Tagore bajo el título de Gitanjali para la Colección Cervantes en 1916. Amado Nervo elogió esta traducción de esta manera: «es una de las construcciones más loables y serias que se han intentado en nuestra América» (Alarcón, 1940).
A su vez, Samuel A. Lillo, comenta al propio Alarcón: «Ha resucitado, entre el polvo de los archivos coloniales, notas y detalles de tal valor pictórico, que, al leer las sobrias descripciones de las fiestas y palacios de los emperadores y los cuadros animados de las escenas callejeras y familiares, me parece que se descorre ante mi vista la cortina de los siglos y contemplo emocionado el escenario fantástico en que se movía aquel gran pueblo, que conquistó con sus armas y sus artes los países de nuestro continente» (Alarcón, 1940).
Alarcón fue uno de los primeros autores en intentar escribir una historia de la literatura boliviana, «La literatura boliviana, 1545-1916» (1917), a través de varios ensayos, por encargo de la Revue Hispanique (Nueva York, París), a través de un programa de difusión cultural de las letras americanas. El propósito era elaborar un compendio de la historia literaria de cada nación. Para su realización, dispuso de una amplia bibliografía enfocada en los periodos colonial, de emancipación y republicano.
En 1919, Alarcón retomó la lira con la obra Relicario, compuesta por treinta y uno sonetos y seis poemas. Más adelante, algunos de estos fueron seleccionados e incorporados en la antología de José Eduardo Guerra Poetas Contemporáneos, también fueron añadidos en el estudio Letras Bolivianas, de Rosendo Villalobos.
Durante su estadía en Europa, imprimió su obra California la bella (1926) en la editorial española Renacimiento, relato escrito durante sus años en Estados Unidos de América. El prologuista Ricardo de León resaltó: «Abel Alarcón, el noble y magnífico poeta de Relicario, Pupilas y Cabelleras y El Imperio del Sol, teje con arte, sobre la trama de un sencillo y conmovedor relato novelesco, los esplendores de la California del siglo XX, el cuadro moderno y cosmopolita de este singular país, babel de lenguas, cruce de pueblos y razas, que mantiene aún, como título de honor, las puras reliquias de sus tradiciones españolas. Libro ejemplar, en suma, que, en el ancho y glorioso mundo de la lengua de Castilla, viene a añadir un nuevo renombre, un nuevo caudal de observación, de arte y de vida, a la moderna y vigorosa corriente de las letras hispanoamericanas» (Carlos Taborga, en Alarcón, 1949).
Una de sus obras más conocidas fue Érase una vez... Historia novelada de la Villa Imperial (1935), reeditada en 1940 a cargo de la editorial Nascimiento de Santiago de Chile, bajo el título Era una vez...: 237 páginas que cuentan historias propias de las tradiciones potosinas. Para esta obra, investigó en el Archivo de Indias en Sevilla, en la Casa de la Moneda de Potosí y consultó crónicas coloniales, especialmente la Historia de la Villa Imperial de Potosí de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela. La obra contó con ilustraciones de Araujo Quesada en la edición de 1940. Esta novela tuvo una tercera edición en 1950, publicada por la Fundación Universitaria Simón I. Patiño en Argentina.
Érase una vez... Historia novelada de la Villa Imperial (1935) ameniza el pasado histórico y la contienda de vicuñas y vascongados a principios del siglo XVII, en la Ciudad de la Plata, en la actual Bolivia. Manuel Ugarte resalta: «Su libro es la novela más recia y mejor lograda que conozco sobre la época. Es inaudito el vigor y el ímpetu expresivo con que usted nos vuelve a traer milagrosamente desde el pasado remoto toda una humanidad» (Alarcón, 1950).
A su vez, Luis Alberto Sánchez, ex Rector de la Universidad de San Marcos, comenta esta obra y señala: «Alarcón que ha hundido largos años de preparación, estudio y cotejo de sensaciones para lograr esta estampa, se enamoró a tal punto de su tema y de su época que confundió con ellas su expresión. Pero esto es lo defectuoso cualidad, según los criterios. Lo importante es que Potosí está reviviendo, con sus cantos de pasiones tremantes, con su codicia, su lujuria, sus apetitos, su orfegorio, su estriamiento, su intriga, y nos pone ante los ojos un sector de la colonia americana poco tratado, con que estaba a muchas millas del mar y había pereza para dejarse ir de su misterio» (Alarcón, 1950). Willis Knapp Jones publicó en la revista Books Abroad una reseña traducida en la que expresaba: «Abel Alarcón. Era una vez… Santiago de Chile. Una de las más atractivas de las últimas publicaciones sudamericanas es una segunda edición de lujo de una novela que apareció en 1935». (Alarcón, 1950). Por otro lado, el poeta José Eduardo Guerra, en su «Itinerario espiritual», resalta: «Era una vez… es, en cambio, toda una realización, tanto desde el punto de vista del contenido como de la expresión literaria. Los hechos y sucesos, en consonancia con el ambiente de la época, cuanto las convicciones de los que los presenciaron, han sido revividas con sincero ahínco, todos los aspectos que presentaba Potosí en el siglo XVI. No faltan tampoco, como no debían faltar, en la excelente novela de Alarcón, relatos milagrosos, idilios contrariados, sombrías maquinaciones de encrucijada y maleficio...» (Alarcón, 1950).
Entre otros de los comentaristas de esta obra, el chileno Jerónimo Lagos Bilboa destacó: «el autor ha perfeccionado sus recursos intelectivos. Sus métodos de composición y su acendramiento verbal responden aquí con eficacia a sus propósitos. Dueño de un léxico rico y evocador, hace hablar a sus personajes el lenguaje de su tiempo, salpimentando la narración de vivas y sabrosas fábulas».
Entre las obras de Alarcón también destaca Cuentos del viejo Alto Perú (1936), colección de once trabajos escritos inspirados en mitos, leyendas y costumbres bolivianas. El libro contó con una recomendación por parte de la Dirección General de Secundaria de Bolivia, a cargo de Adolfo Echart, se destacó la importancia y el valor histórico nacional de esta obra y sus relatos por medio de una resolución establecida el 10 de noviembre del mismo año. De esta manera, se aseguró la difusión de esta obra para nuevas generaciones. En el prólogo,escrito por Aurelio M. Espinosa (Director del Departamento de Lenguas Romances) en la Stanford University de California, en noviembre de 1930, se lee: «Gracias a Dios que haya [sic] en el mundo poetas y artistas que nos apartan a veces de la actividad vertiginosa de la vida y nos llevan a un mundo ideal, a un mundo espiritual: al Templo de la Belleza. A ese Templo nos condujo ya muchas veces el escritor boliviano Abel Alarcón, autor de California la Bella, En la corte de Yahuar-Huacac y otras novelas encantadoras. Su nuevo libro, Cuentos del Viejo Alto Perú, es una bellísima colección de tradiciones y leyendas, cuentos antiguos de una región americana casi desconocida para los españoles. Es un rico tesoro de materiales folklóricos de tierras americanas, arreglado y escrito en un estilo vigoroso ». (Alarcón, 1936)
La última obra poética de Alarcón fue A los genios del Siglo de Oro (1948), de estilo tradicional y romántico. Se considera que su prosa fue lo más sólido y perdurable de su producción. La obra cuenta con un homenaje a este autor, con motivo del IV Centenario de la ciudad de La Paz en 1948, escrito por el entonces alcalde Luis Nardín Rivas (1948-1950), quien destacó su trayectoria literaria y su prestigio internacional. En el acto, la Ilustre Comisión Cuartocentenaria reconoció a Alarcón como un poeta y prosista distinguido. Este libro se divide en dos partes: la primera, compuesta por 4 secciones de poemas denominados Los Místicos, Los Líricos, Los dramaturgos, Los Novelistas. Y, una segunda parte conformada por poemas variados, entre ellos, algunos en honor a la ciudad de La Paz por su cuarto centenario.
Cuadros de dos mundos (1949) es un libro que comparte recuerdos personales sobre algunos lugares del mundo por donde anduvo Abel Alarcón, rescatando tesoros ocultos de ciudades, palacios, museos, armerías, misiones y universidades. El prólogo de esta obra, ofrece un resumen extenso de las anteriores obras de Alarcón, donde Carlos Taborga destaca: «He aquí un hermoso libro de evocación y confidencia. Es un magnífico álbum de recuerdos personales en cuyas páginas, como en cofre de maravillas, se exhiben veinte temas brotados de reminiscencias históricas y artísticas que el autor recogió al azar de sus andanzas por el mundo» (Alarcón, 1949).
Finalmente, La Perla de Styra (1953), obra póstuma, es un estudio histórico y artístico de la Señorial Graz. El autor hace una descripción literaria de esa ciudad, donde destaca: «Ninguna ciudad como Graz, hasta el extremo de animarme no a pintarla, que para esa obra de luz y de color necesitaríase el pincel de Pereda, sino a describirla, que para ello puede ser buena cualquier pluma» (Alarcón, 1953).
Abel Alarcón dejó un legado que combina la preservación de la memoria histórica boliviana con la proyección de una identidad cultural integrada a la tradición hispanoamericana. Su obra, aunque no muy extensa, se distingue por un rigor documental y un valor testimonial, y sigue siendo objeto de estudio en el ámbito académico. Representa una figura clave para comprender la transición literaria y política de Bolivia en la primera mitad del siglo XX.
En 1943, la institución conocida como Los Amigos de la Ciudad le otorgó, por unanimidad, una Medalla al mérito, fue la segunda persona en recibir esta distinción después de José Luis Tejada Sorzano en 1935. Entre otros homenajes que recibió, está el que fue organizado por Rosendo Villalobos bajo el rectorado del Rector de la Universidad Mayor de San Andrés, Héctor Ormachea Zalles, donde se hizo un elogio a la obra de Alarcón y se le entregó una insignia de reconocimiento.
Bibliografía consultada:
Alarcón, Abel, A los genios del oro, La Paz, Bolivia, Editorial ¨Centenario¨, 1958.
Alarcón, Abel, Cuadro de dos mundos, La Paz, Imprenta de Gonzales y Medina, 1919.
Alarcón, Abel, Cuentos del Viejo Alto Perú, La Paz, Editorial Arno, 1936.
Alarcón, Abel, De mi Tierra y de mi Alma, La Paz, Impresiones Velarde, 1906.
Alarcón, Abel, El Relicario, La Paz, Librería La Universitaria, GISBERT & CIA, 1949, pp. 2-25.
Alarcón, Abel, Érase una vez…Historia novelada en la Villa Imperial de Potosí, Segunda Edición, Santiago de Chile, Editorial Nascimiento, 1940, pp. 9-11.
Alarcón, Abel, Érase una vez…Historia novelada en la Villa Imperial de Potosí, Tercera Edición, Buenos Aires, Editorial López, 1950, pp. 11-14.
Alarcón, Abel, La Perla de Styria, Santiago de Chile, Editorial Nascimiento, 1953, pp. 2-25.
Amigos de la Ciudad, Homenaje tributado al Dr. José Luis Tejada Sorzano, con motivo de habérsele acordado la Medalla al Mérito del año 1935, Impresiones Artística, 1935.
Fernández T., Tamaro E., «Biografia de Abel Alarcón», Barcelona, España, Editorial Biografías y Vidas, 2004. Disponible en: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/alarcon_abel.htm
Mata Indurain, Carlos, «A Don Miguel de Cervantes Saavedra», tríptico de sonetos de Abel Alarcón de la Peña, 13 de agosto de 2024, en Ínsula Barañaria. Blog de literatura. Disponible en: https://insulabaranaria.com/tag/abel-alarcon-de-la-pena
Autor: equipo de la BPB.
Fecha de publicación: 2025.
Obras del autor
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«La literatura boliviana (1545-1916)» Revue Hispanique, vol.41, no.99 (1917), pp. 563-633; Nueva York; París : s.n., 1917
Historia, 1917
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La perla de Styria: estudio histórico y artístico de la señorial Graz, Austria
Historia, 1953
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